Cultura

«Tengo más de lo que creo»

Un ciego feliz decía,

que hermoso se siente el viento…

y el olor a hierba fresca…
y el canto de los jilgueros.

El paralítico en cambio,
con sus ojos altaneros…
miraba saltar a un niño,
entretenido en sus juegos.

Se le nublaba la vista,
con un llanto pasajero…
mientras rodaba esa silla,
que lo llevaba hace tiempo.

Aquella señora sola…
mientras peinaba el cabello…
recordaba a su marido,
que la esperaba en el cielo.

El vagabundo con hambre…
su estómago en un concierto,
le reclamaba la dicha,
de sentirse satisfecho.

El rico… el rico solo deseaba,
la paz en algún momento…
como la tienen los pobres,
que ríen en el intento.

Y el pobre hombre triste, cansado,
por ser un humilde obrero…
Y otro llora su destajo…
pues… sin trabajo lo vieron.

La madre que grita al viento,
por sus hijos… tan inquietos…
y aquella pobre muchacha,
que llora por no tenerlo.

El que vive en su pasado…
sumergido en su misterio…
el que dejó el tiempo atrás,
por alcanzar algún sueño.

Los grandes… quieren ser niños…
porque ser grande, es en serio…
los niños, quieren ser grandes…
para leerse sus cuentos.

El joven que va de prisa…
el anciano a paso lento…
pero nadie se detiene…
para escuchar al jilguero.

Lo mismo da, ser empleado…
arquitecto o ingeniero…
si siempre nos falta algo…
esclavos siempre de un sueño.

Amar… y amarse a uno mismo…
dejarse en paz un momento…
mirar por dónde vinimos…
pensar de qué estamos hechos.

Miremos por un instante…
mirémonos al espejo…
cuánto más necesitamos,
para sentirnos completos?

Cerremos por un momento,
nuestros ojos prisioneros…
que no ven las cosas bellas…
las cosas que ya tenemos.

Demos valor a la vida…
y a cada paso que demos…
miremos más con el alma…
como miraba aquel ciego.

( Mario Gorri)

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