
El progreso tecnológico “nunca es simplemente una cuestión técnica” y debe ir “acompañado de un crecimiento correspondiente de la responsabilidad”, indicó el Papa esta mañana durante la audiencia a los miembros de la Pontificia Academia de las Ciencias, reunidos en sesión plenaria sobre el tema “El futuro de la ciencia en un mundo que cambia”
Alvaro Vargas Martino – Ciudad del Vaticano
“El progreso tecnológico nunca es simplemente una cuestión técnica”, recalcó el Papa León XIV en el discurso que pronunció esta mañana durante la audiencia a los miembros de la Pontificia Academia de las Ciencias, reunidos en sesión plenaria sobre el tema “El futuro de la ciencia en un mundo que cambia”.
“Este tema es, de hecho, oportuno”, ya que “en los últimos años se ha hecho cada vez más evidente cuán rápida y profundamente la digitalización, la inteligencia artificial (IA) y la robótica están transformando nuestro mundo”, observó el Papa, reiterando lo que señala en su encíclicaMagnifica humanitas.
Promesas y riesgos de los avances tecnológicos
Aunque “su impacto total sigue siendo incierto, estas herramientas nos dan motivos para esperar un futuro más luminoso para la humanidad”, agregó León XIV, quien explicó que pueden, por ejemplo, “conducir a descubrimientos científicos fundamentales e innovaciones tecnológicas capaces de hacer avanzar la medicina, mejorar el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades, fortalecer los sistemas alimentarios y energéticos, profundizar nuestra comprensión del universo y del mundo natural, y abrir nuevas posibilidades para la creatividad humana y la cooperación”.
Sin embargo, “precisamente porque estos avances encierran estas promesas, también debemos reconocer los riesgos que los acompañan”, ya que la inteligencia artificial también puede utilizarse para “vigilar, manipular y discriminar”, señaló el Pontífice, advirtiendo que “las capacidades informáticas sofisticadas y las armas autónomas pueden, si se desarrollan o se despliegan sin medidas de seguridad adecuadas y sin control humano, presentar nuevos peligros para la seguridad y la paz internacional”, y, además, “los actuales sistemas de IA requieren grandes cantidades de energía y agua, inciden de manera significativa en las emisiones de anhídrido carbónico y consumen recursos de manera intensiva”.
El progreso tecnológico no es simplemente una cuestión técnica
“Estas posibilidades y estos riesgos nos recuerdan que el progreso tecnológico nunca es simplemente una cuestión técnica”, recalcó el Papa, subrayando que toda tecnología “refleja, de manera explícita o implícita, una comprensión particular de la persona humana, de la sociedad y del futuro que deseamos construir”; y, por lo tanto, el progreso científico y tecnológico “debe ir acompañado de un crecimiento correspondiente de la responsabilidad”, ya que “cuanto mayor sea nuestro poder para transformar el mundo, mayor debe ser nuestra capacidad” de “discernir lo que realmente sirve a la dignidad humana donada por Dios”, de “gobernar con sabiduría” y de “cuidar de quienes podrían sufrir las consecuencias más graves de nuestras decisiones”.
Esta misma necesidad de responsabilidad “es particularmente urgente ante el cambio climático”, indicó León XIV, quien recordó que olas de calor, sequías, inundaciones, tormentas, incendios forestales y otras catástrofes naturales se registran “con cada vez mayor frecuencia e intensidad”, y señaló que estos fenómenos “afectan más gravemente a los pobres, a las comunidades con menos recursos para adaptarse y a quienes dependen directamente de la tierra, los bosques o los océanos para su subsistencia”.
En consecuencia, “la cuestión climática no es meramente un desafío ambiental, sino que es, fundamentalmente, una cuestión de justicia, de dignidad humana y de solidaridad entre los pueblos y las generaciones”, y “no podemos responder a estos desafíos solo después de que el desastre ya haya ocurrido”, sino que “debemos pasar de la gestión de emergencias a la prevención, de la vulnerabilidad a la prontitud y de las medidas a corto plazo a una visión sabia y con visión de futuro para la humanidad”, subrayó el Pontífice.
En este sentido, el Papa indicó que esto exige un enfoque “responsable y con discernimiento” hacia la ciencia que fomente la resiliencia: “un enfoque centrado en el descubrimiento, que también tome en cuenta, desde el principio, las consecuencias que las decisiones científicas y tecnológicas pueden tener para la humanidad y para la integridad de la creación que Dios nos ha confiado”.
La cooperación interdisciplinaria es indispensable
En este compromiso, “la cooperación interdisciplinaria es indispensable”, enfatizó León XIV, observando que la resiliencia climática exige la colaboración de científicos, ingenieros, economistas, médicos y sociólogos, junto con las comunidades locales y los responsables de las políticas, ya que “los desafíos de un clima cambiante trascienden todas las fronteras entre disciplinas, instituciones y naciones”; y, por lo tanto, “nuestra respuesta también debe traspasarlas”.
“Como nos lo ha recordado el Papa Francisco, nuestra interdependencia nos exhorta a afrontar los desafíos ambientales desde una perspectiva global y a trabajar en un proyecto común”, resaltó el Pontífice, quien expresó su aprecio por la serie de cumbres sobre resiliencia climática organizadas en los últimos dos años por la Pontificia Academia de las Ciencias, junto con la Pontificia Academia de Ciencias Sociales y socios académicos de muchas partes del mundo.
“Es alentador que estos encuentros no solo reúnan a científicos, sino también a jóvenes, autoridades públicas, representantes de la sociedad civil y miembros de diferentes tradiciones religiosas. Estos encuentros crean espacios en los que se puede compartir el conocimiento más allá de las fronteras, donde se puede aprender de experiencias positivas y adaptarlas, y donde el conocimiento científico puede traducirse en acciones concretas”, destacó el Papa, quien los alentó a continuar por este camino, subrayando que la presencia de los jóvenes entre ellos recuerda el futuro.
León XIV les aseguró sus oraciones para que puedan “promover una cultura científica que sea ambiciosa pero humilde, rigurosa pero abierta al diálogo, innovadora pero responsable, cooperativa a nivel global pero inclusiva con quienes están en mayor riesgo y tienen más necesidades”, pues, de esta manera, “la colaboración científica, como bien público al servicio de la paz, podrá seguir enfocándose en la salvaguarda de la dignidad humana donada por Dios, promoviendo el bien común y cuidando la creación”.
Fuente: Vatican News






