Parábola de las diez vírgenes: «Podríamos traducirlo por la palabra amor»
El P. José Antonio Álvarez explicó que el aceite de las jóvenes prudentes es el amor a Dios y al prójimo hecho obras buenas, y que ese aceite no se puede prestar.

En la Misa producida por la productora audiovisual San Gabriel para el XXXII domingo del Tiempo Ordinario, que se celebra este domingo 8 de noviembre, el P. José Antonio Álvarez comentó el Evangelio de las diez vírgenes (Mt 25,1-13).
El sacerdote ubicó la lectura en el cierre del año litúrgico: la Palabra de estos domingos, señaló, prepara «ese final que no es más que la aurora del comienzo, un nuevo comienzo, el comienzo eterno».
La parábola de las diez vírgenes (Mt 25,1-13)
Para situar la escena, el P. Álvarez recordó la costumbre de la boda: un grupo de jóvenes esperaba en la casa de los padres de la novia al esposo y, cuando llegaba con la esposa, lo acompañaba hasta la casa del esposo. Era, explicó, el último paso de la ceremonia.
«Es una parábola, no es un cuento, y por lo tanto tiene una cantidad de enseñanzas en sus signos, en sus símbolos.»
«Necio es el que no piensa»: las necias y las prudentes
El sacerdote distinguió los dos grupos de jóvenes. Las necias llevaron lo justo, sin pensar en dificultades como la demora del novio; las prudentes iban prevenidas, con aceite en abundancia, para que la fiesta tuviera el final feliz que todos esperaban. La demora fue tal que, cuando las necias tuvieron que actuar, ya se había acabado el aceite.
«Necio es el que no piensa, que no razona.»
El aceite que no se puede prestar
El P. Álvarez anticipó la objeción de quien escucha la parábola, por qué las prudentes no convidaron un poco, y respondió con la naturaleza de ese aceite.
«Este aceite es algo muy particular, no se puede prestar, es de quien lo tiene, de quien lo previó, y el que no lo previó no lo tiene y no lo puede tener de otro.»
Ir a comprarlo, señaló, ya es imposible «porque se terminó el tiempo». Se trata de una parábola del fin de la vida, y describió la escena de quien golpea la puerta del cielo y escucha del otro lado: «no te conozco, no sé quién sos, nunca anduviste conmigo, no tenés nada que ver conmigo».
El aceite es el amor: «no el amor de telenovela»
¿Qué significa ese aceite? «Podríamos traducirlo por la palabra amor», respondió el sacerdote, y precisó de qué amor habla.
«No el amor de telenovela, sino el amor verdadero, el amor que se da en primer lugar y por sobre todas las cosas a Dios, pero inmediatamente y como consecuencia de ese amor a Dios, al prójimo, a los que están en nuestro alrededor.»
Ese amor se muestra en las obras: «El amor que debemos dar en las obras buenas que hacemos, ese es el aceite». Y cuanto más amor haya en el corazón y más obras buenas lo manifiesten en el amor al prójimo, sostuvo, «tanto más seguros estamos de estar preparados, listos para el momento de acompañar al divino Esposo a las bodas eternas».
La sabiduría se recibe, no se gana
Al comentar la primera lectura, del libro de la Sabiduría, el P. Álvarez aclaró que no se refiere al «montón de conocimientos que puede tener uno de ciencias de todo tipo», sino al poder de «saborear con el corazón la presencia de Dios», que se consigue dándole lugar.
Advirtió que vivimos «en medio de tantos ruidos, tantas cosas que nos atraen de un lado o del otro y constantemente nos distraen, nos perturban y nos hacen perder el tiempo», y que así se actúa como las vírgenes necias, sin acopio de aceite, de amor. Esa sabiduría, indicó, no se gana con el propio esfuerzo: se recibe de Dios.
«El esfuerzo que hay que hacer es atender a Dios, atenderlo, abrirle el corazón, llamarlo, pedirle su presencia.»
Dios, agregó, nos está buscando constantemente «para abrirnos el corazón y hacernos sentir ese sabor de Dios que está presente y dispuesto a darse a nosotros».
¿Qué queremos ser? Un examen de conciencia sencillo
El sacerdote cerró con una pregunta dirigida a cada oyente: «¿Qué queremos ser, de aquellas jóvenes prudentes o de aquellas necias?».
«¿Puedo presentarle a Dios realmente gran cantidad de obras buenas?»
Propuso hacer ese examen de conciencia a diario. Si la respuesta es afirmativa, dijo, hay motivo para estar tranquilo; si no lo es, corresponde prometer enmienda y empezar a cambiar cuanto antes, amando primero a Dios y manifestando luego ese amor, en agradecimiento, en el amor al prójimo.
Preguntas frecuentes sobre la parábola de las diez vírgenes
¿Qué simboliza el aceite en la parábola de las diez vírgenes?
Según el P. José Antonio Álvarez, el aceite se puede traducir por la palabra amor: el amor verdadero a Dios y, como consecuencia de ese amor, al prójimo, que se muestra en las obras buenas.
¿Por qué las vírgenes prudentes no compartieron su aceite?
Porque ese aceite, explicó el sacerdote, «no se puede prestar»: es de quien lo tiene, de quien lo previó. Quien no lo previó no puede recibirlo de otro, y ya no hay tiempo de ir a comprarlo.
¿Quiénes son las vírgenes necias y quiénes las prudentes?
Para el P. Álvarez, «necio es el que no piensa, que no razona». Las necias llevaron lo justo, sin pensar en la demora del novio; las prudentes iban prevenidas, con aceite en abundancia.
¿Qué es la sabiduría de la que habla la primera lectura?
No es el «montón de conocimientos que puede tener uno de ciencias de todo tipo», sino el poder de «saborear con el corazón la presencia de Dios». Se recibe de Dios y exige atenderlo y abrirle el corazón.
¿Cómo prepararse para la venida del Esposo?
El sacerdote propuso un examen de conciencia sencillo: preguntarse si hay en el corazón amor a Dios y al prójimo y si se pueden presentar obras buenas. Si no es así, prometer enmienda y empezar a cambiar cuanto antes.
Imagen: William Blake, La parábola de las vírgenes prudentes y necias, c. 1799-1800. The Metropolitan Museum of Art, Rogers Fund, 1914 (dominio público).
Evangelio de las diez vírgenes: Mateo 25,1-13
XXXII Domingo del Tiempo Ordinario · Ciclo A · 8 de noviembre de 2026
Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo.
Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes.
Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.
Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas.
Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'.
Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas.
Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'.
Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'.
Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta.
Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos', pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'.
Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.
Texto: Libro del Pueblo de Dios (CEA).



