El Papa León XIV llega a Uruguay y diserta en Montevideo
El Sumo Pontífice inició su viaje apostólico a América Latina este 6 de noviembre en la capital uruguaya. Allí se dirigió a las autoridades y a miles de fieles congregados en la Plaza Independencia.

El 6 de noviembre de 2026, el Papa León XIV concretó su llegada a la República Oriental del Uruguay para dar inicio a su viaje apostólico por América Latina. La actividad central de su arribo tuvo lugar en la Plaza Independencia de Montevideo, donde mantuvo un encuentro institucional y pastoral ante una multitud calculada en 30 mil personas, integrada por autoridades nacionales, representantes de la sociedad civil y miembros del cuerpo diplomático acreditado en el país.
Tras ser recibido por el presidente Yamandú Orsi, el Sucesor de Pedro pronunció su primer discurso público en suelo uruguayo. En el inicio de su alocución, el Santo Padre expresó: «Desde este primer encuentro deseo hacer llegar mi saludo a todos los uruguayos, dondequiera que se encuentren. Durante estos días tendré la alegría de recorrer algunos lugares de esta tierra, acercarme a su historia y encontrarme con hombres y mujeres que, en realidades muy diversas, forman parte de la vida del país», según consignó durante la ceremonia oficial.
La memoria histórica y la autoridad pública
El eje central de la reflexión papal giró en torno al monumento dedicado a la Redota o Éxodo del Pueblo Oriental, obra del escultor Angelo Zanelli situada en el centro de la plaza montevideana. A partir de los relieves de bronce, el Obispo de Roma analizó las enseñanzas históricas aplicadas al presente y recordó las palabras del prócer José Gervasio Artigas en el Congreso de abril de 1813: «Mi autoridad —dijo— emana de vosotros y ella cesa por vuestra presencia soberana», frase citada por el pontífice para subrayar que el ejercicio del poder debe orientarse permanentemente al servicio del bien común.
En continuidad con este análisis sobre la responsabilidad social, el Papa señaló que el bien común abarca la administración prudente de los recursos naturales. En este sentido, reconoció el progreso de la nación en materia de energías renovables y advirtió sobre la necesidad de planificar a largo plazo en la producción, el uso del agua y la tierra para no comprometer a las futuras generaciones de ciudadanos orientales.
Protección de la vida y el valor del trabajo
Al examinar las esculturas del monumento que retratan a una madre con un niño en brazos, el Vicario de Cristo enfatizó la tutela que merece la infancia y toda vida humana desde sus inicios. Al respecto, afirmó que «quien todavía no ha nacido pertenece ya a la familia humana y al futuro de su pueblo. Su dependencia absoluta de la madre no disminuye la dignidad que le corresponde ni la protección que merece. Jesús mismo quiso asumir esta condición al encarnarse», de acuerdo con sus declaraciones ante los presentes en la capital.
Asimismo, el Papa abordó la temática laboral y la formación educativa como herramientas de integración social. Recordando la encíclica Laborem exercens de san Juan Pablo II, indicó que el trabajo está subordinado a la persona y no a la inversa. Ante los desafíos de la inteligencia artificial y la digitalización, advirtió que los procesos productivos jamás deben reducir a los trabajadores a piezas prescindibles, exhortando a que la economía genere oportunidades equitativas para toda la población.
Solidaridad con los vulnerables y convivencia plural
Otro de los pasajes del discurso estuvo dedicado a las personas mayores, los enfermos y quienes atraviesan situaciones de discapacidad o exclusión. Al contemplar la figura de la anciana apoyada en un bastón representada en el monumento, el Papa León XIV recordó su propia experiencia con la enfermedad y señaló que el valor de un ser humano no se mide por su capacidad de producción. Además, aludió al flagelo del suicidio al sostener que la atención médica, los vínculos familiares y la cercanía comunitaria resultan indispensables para evitar que el prójimo caiga en el aislamiento y la desesperanza.
Hacia el final de su intervención ante las autoridades y la sociedad uruguaya, el Romano Pontífice destacó la convivencia plural que caracteriza al país desde sus orígenes. En consecuencia, instó al Estado a custodiar un marco de respeto mutuo donde creyentes y no creyentes desarrollen sus actividades en libertad, fundamentados en valores universales compartidos por toda la comunidad nacional.
Finalmente, el Santo Padre concluyó su alocución invocando la protección espiritual sobre el pueblo uruguayo. Pidió la intercesión de Nuestra Señora de los Treinta y Tres, patrona de la nación, para que acompañe el trayecto histórico de los ciudadanos y los frutos espirituales de su actual visita pastoral a tierras latinoamericanas.
La agenda del Obispo de Roma continuará en los próximos días con diversas actividades institucionales y pastorales en Montevideo, marcando la primera etapa de su recorrido por el cono sur, en el cual prevé encontrarse con diferentes sectores de la Iglesia y la comunidad local.
Fuente y foto: Vatican News.


