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Mons. Domínguez: «Abrirse a la novedad de Dios es hacer Pascua en nuestro corazón»

«Si en Pascua no hacemos memoria de nuestro primer amor, Jesús será un personaje del pasado. Pero la fe pascual consiste precisamente en hacer viva la memoria del primer amor, el de Jesús», dijo Monseñor Domínguez en la homilía de la Vigilia Pascual. 

«No busques en tus problemas entre los muertos al que está vivo, porque Dios ya asumió tus problemas y los resucitó, les dio nueva vida. Hoy estrenamos vida nueva en Jesús. Si celebramos Pascua, algo en nuestra vida tiene que cambiar. Algo en el mundo tiene que cambiar. No podemos seguir igual porque Cristo ha resucitado», expresó Monseñor Carlos María.

Homilía completa 

No busquen entre los muertos al que está vivo. Estas mujeres que fueron a ver al amanecer, cuando ya había pasado el sábado al sepulcro con perfumes que habían preparado con mucho amor para el cuerpo de Jesús, son las mismas que estuvieron en el Calvario, a distancia, mirando lo que sucedía allí en la crucifixión. Y fueron precisamente las últimas que vieron el cuerpo de Jesús cuando lo depositaron cuidadosamente en el sepulcro y corrieron la piedra. Es el amor el que movía a estas mujeres para seguir permaneciendo con Jesús un rato más en esta devoción piadosa que tenían los judíos de ungir los muertos, pero que lo hacían exclusivamente los familiares. Por eso estas mujeres se consideraban ya de la familia de Jesús. Pero seguramente en el camino, más allá del dolor de ir al sepulcro, tendrían una pizca de decepción, porque estarían pensando ¿Quién nos va a mover la piedra? A veces también nosotros, en el camino de nuestra vida, nos topamos con piedras que aparentemente son inamovibles. Pero cuando llegan al sepulcro, precisamente encontraron la piedra removida, y entraron, y no hallaron el cuerpo de Jesús. Nuestra esperanza es la resurrección de Jesús. Pero muchas veces esa esperanza, nuestra esperanza, se estrella con muchas piedras, porque no sabemos removerlas. La Pascua es la fiesta de la remoción de las piedras. Dios quita la piedra, quita nuestras piedras y hace que otra vez nazca la esperanza. Porque muchas veces en nuestra vida caminamos y nos estrellamos con la piedra de la decepción ¿Cuántas veces pensamos en cosas, en las cosas, y no nos salen como las pensamos? ¿Cuántas veces el camino nos resulta fatigoso y hasta frustrante? La decepción es la tumba de la esperanza.

Pero hoy el Señor nos quiere dar un fuerte grito con esta piedra movida. Allí, en la decepción, en la frustración, no está Dios. No busquen entre los muertos al que está vivo. Dios está en la novedad. Dios está en esa piedra corrida que es esperanza. Dios vuelve a hacer nacer en el corazón de cada uno de nosotros, en el tuyo y en el mío. Esa esperanza de que aunque haya piedras, está el Señor que nos da la gracia para sortearlas. Y otra piedra con la que nos estrellamos muchas veces en nuestra vida es la piedra del pecado. El pecado que se nos muestra como seductor y atractivo, pero que al final nos deja en soledad y tristes. El pecado es optar por la vida fácil y por las cosas pasajeras. Es encerrarse en los límites de nuestra, de nuestro ensimismamiento y hacer que nos sintamos más cómodos allí que recibiendo la novedad del Señor. Pascua es vida nueva y Dios, resucitando a su Hijo, ha destruido, ha aniquilado la piedra del pecado. Abrirse a la novedad de Dios es hacer Pascua en nuestro corazón y es hacer que la Pascua traspase toda nuestra vida. Porque este grito de esperanza que surge hoy de un sepulcro vacío es un grito fuerte, sorprendente e infalible del amor de Dios.

Estas mujeres desconcertadas tuvieron la aparición de estos dos jóvenes con vestiduras blancas. No se atrevían a levantar la vista del suelo. Y recibieron el anuncio de la resurrección de una manera muy original. Primero, con una pregunta ¿Por qué buscan entre los muertos al viviente?  Como queriendo decir cambien de actitud. Sino nunca lo van a encontrar. No busquen entre los muertos al que está vivo. El anuncio concreto no está aquí. Ha resucitado. Y una exhortación a hacer memoria. Recuerden lo que él les dijo cuando estaba en Galilea, «era necesario que el Hijo fuera entregado, que fuera crucificado y que resucitaría al tercer día». Hacer memoria es volver a cada una de nuestras Galilea. Es volver al primer amor. Allí donde Jesús amó a los primeros apóstoles, es allí donde nos amó a nosotros. Es la experiencia donde hemos tenido encuentro con el amor de Dios, con su misericordia, con un Cristo vivo, auténtico y resucitado. Eso es volver a Galilea, eso es recordar, es volver a pasar por el corazón el primer amor. Si en Pascua no hacemos memoria de nuestro primer amor, Jesús será un personaje del pasado. Pero la fe pascual consiste precisamente en hacer viva la memoria del primer amor, de ese Jesús que me sedujo, que me invitó a que lo siguiera y que, a pesar de las piedras en el camino, sigo siendo su discípulo. Las mujeres recordaron las palabras, hicieron fe pascual y no una fe de museo que se anquilosa en el pasado. La fe pascual es una fe viva y en seguida, por su fe y por su amor a Jesús, se convierten en mensajeras de este mensaje.


                Van corriendo hacia los apóstoles a contarles lo que le pasó, pero todavía para ellos la piedra de su corazón y de su mente no estaba corrida. Seguían buscando a Jesús en un recuerdo del pasado. Se habían olvidado de su propia Galilea. Se estrelló contra la piedra del corazón duro. La esperanza de la resurrección. Sin embargo Pedro se levantó. Algo les creyó y fue hacia su sepulcro. Se asomó, se asomó y vio lo mismo que las mujeres. Pero regresó lleno de admiración. Todavía a Pedro le faltaba la fe pascual. Hoy a nosotros, hermanos, con este grito de la resurrección, también se nos llama a hacer viva nuestra fe pascual. Es el centro de nuestra fe. Si Cristo no hubiese resucitado, vana sería nuestra esperanza. Por eso, no busques a Dios que está vivo entre los muertos. No te quedes estancado en el cementerio de tus complejos, de tus pecados, de tus miserias, de tus límites, de tus malas experiencias. Allí no está Dios. No busques entre los muertos al que está vivo. Búscalo en aquella persona que se entrega por el Evangelio, en aquella persona que te consuela. Búscalo en tu amigo, en tu hermano, en tu familia. Búscalo allí porque él está vivo. Búscalo en el niño que se sonríe, en el joven que abraza su proyecto de vida. En el matrimonio que persevera en su amor. Buscalo en la iglesia, porque acá tenemos la obligación de hacer viva la fe pascual.

No busques en tus problemas entre los muertos al que está vivo, porque Dios ya asumió tus problemas y los resucitó, les dio nueva vida. Hoy estrenamos vida nueva en Jesús. Si celebramos Pascua, algo en nuestra vida tiene que cambiar. Algo en el mundo tiene que cambiar. No podemos seguir igual porque Cristo ha resucitado. La piedra ha sido corrida, la tumba está vacía y esa es la noticia más importante. Hoy, como las mujeres, salgamos corriendo de acá. Esperen que termine la misa y vayamos como ellas a ser mensajeros de esta Pascua de Resurrección. No se dan una idea fuera de aquí la cantidad de gente que tiene necesidad de escuchar de la boca tuya y de la mía, que Cristo ha resucitado, que Él está vivo, que venció la muerte y que es el Señor. Cuando vivía yo en Buenos Aires, a la vuelta de la parroquia donde vivía, estaba la catedral de los griegos ortodoxos, y cuando ellos terminaban de celebrar la Vigilia Pascual, se iban a sus casas con la vela encendida y todo el barrio sabía que esa persona había celebrado la resurrección. No te pido que te vayas a tu casa con la vela encendida. Que tu vida sea luz para que salgas de acá y anuncies con tu vida en un grito de alegría y Que Cristo está vivo, que ya no lo podemos buscar más entre los muertos y que ahora y desde ahora, todo tiene que cambiar ¡Felices Pascuas! ¡Hagamos Pascua!  ¡El Maestro vive!  Que así sea.

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